Un problema recurrente (Sobre el consentimiento informado)

Publicado por Miguel Angel Mañez

7 de julio de 2016  Twitter  @manyez

Cuando (casi) nadie te entiende: sobre el consentimiento informado

Los documentos de consentimiento informado fueron un gran avance en su momento: un documento en el que el profesional explica al paciente los riesgos y resultados de la intervención o técnica que va a realizar. En su momento supuso un cambio radical en la relación con el paciente, pero el camino está lleno de espinas. ¿Por qué? Pues porque muchos pacientes no entienden el documento. Un reciente estudio publicado en la Revista de Calidad Asistencial y firmado por López Picazo, Tomás García y Ros Abellán (del Hospital Virgen de la Arrixaca, de Murcia) aporta algo de luz a este tema.
Los autores revisaron 359 documentos de consentimiento informado de su hospital y los evaluaron de dos formas: mediante la extensión y mediante el programa INFLESZ(basado en la hipótesis de que un texto es más fácil de leer cuanto más cortas son las palabras y frases que utiliza). Los hallazgos del artículo son muy interesantes:
– Respecto a las dos variables de medida, los documentos tienen una extensión aceptable (la mayoría ocupan un folio, es decir unas 470 palabras) pero no obtienen una buena puntuación de legibilidad.
– Los documentos quirúrgicos son más difíciles de entender que los procedentes de servicios no quirúrgicos. Un ejemplo es la frase “retardo o ausencia de consolidación en los focos de osteotomíam con o sin rotura del material de osteosíntesis“, que difícilmente entenderá un paciente.
– Se utilizan habitualmente los documentos de consentimiento de las sociedades científicas sin una validación o adaptación posterior, lo que perpetúa los errores.
Una de las claves para la mejora de este tipo de documentos es la la explicación verbal que se ofrece y la resolución de las dudas y preguntas del paciente por parte del profesional sanitario. En un estudio realizado con pacientes quirúrgicos en 2011, más del 90% de los pacientes reconoció que había sido informado correctamente, pero una tercera parte de ellos no sabe qué tipo de intervención le van a realizar. Y si nos centramos en la anestesia, casi el 70% dice haber sido informado, pero solo un 40% recuerda algún problema concreto.
Otro tema que se observa es que el lenguaje utilizado sigue siendo muy técnico, por lo es necesario incorporar la experfiencia del paciente y las conclusiones de los estudios que se han realizado dirigidos a proponer mejoras en este ámbito tan importante. La comunicación y la comprensión de los riesgos de las intervenciones es esencial de cara a conseguir una atención sanitaria de calidad.
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